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Las cajas fuertes son nuestras aliadas a la hora de brindar seguridad y protección a nuestro hogar o negocio. Son las que nos ayudan a proteger aquellas cosas u objetos que por diversas razones consideramos valiosos, se traten de dinero, joyas, documentos, etcétera. Digamos que confiamos en ellas para preservar nuestros bienes materiales.
Cuando deseemos comprar una caja fuerte debemos tomar en consideración aspectos que tienen que ver con los objetos que pensamos guardar en ella. De allí podremos determinar, por ejemplo, el tamaño más adecuado a dichos requerimientos.
Otro aspecto que debemos cubrir es el referente a dónde la vamos a poner, porque si bien es una decisión muy personal, no debemos dejar de lado el hecho de que siempre se necesita de una buena localización para que no vaya a ser encontrada con facilidad.
En el mercado están a disposición cajas fuertes diseñadas para ser instaladas y atornilladas sobre alguna superficie determinada, y otras que son para empotrar. En este artículo, y tal como lo indica su título, nos esforzaremos por abarcar lo referente a la segunda opción.
Básicamente toda caja fuerte consta de un cuerpo de chapa, un marco o frontal, una puerta y un mecanismo ya sea mecánico o electrónico que permite que se abra. Antes de decidirnos a comprar una es necesario determinar las características del lugar en cuestión donde la vamos a instalar, ya sea en un muro, en un pilar, en un tabique, dentro de un armario o debajo de un piso.
Proceso para empotrar tu mismo la caja fuerte.
Cuando hayamos decidido definitivamente dónde la instalaremos, debemos, con la ayuda de un taladro, verificar la profundidad con que cuenta el sitio. Dicha medida debe ser superior al conjunto de la caja fuerte, de lo contrario, deberíamos de elegir otro sitio.
Una vez establecido todo esto, procederemos a iniciar la apertura del hueco donde se instalará. Para ello necesitamos medir el frente de la caja. Debemos sumarle al resultado cinco centímetros en cada lado, diez centímetros en la base y quince centímetros en la parte superior. Estas medidas la trasladamos luego a la pared.
Con los trazos marcados empezamos o romper. Una vez terminado este proceso, seguimos con la disposición del interior del hueco. Para ello debemos preparar una base que servirá como apoyo a la caja. La base se ha de preparar con yeso negro y ladrillos de cuarenta por veinte centímetros tipo rasillón. El yeso negro se deja reposar para luego aplicarlo sobre los ladrillos.
Es importante hacer notar que lo más seguro es que se tengan que cortar algunos ladrillos para que encajen correctamente a las dimensiones del hueco. Cuando se termine, se hace lo mismo con los laterales.
Seguidamente debemos esperar que el yeso se seque. Luego introducimos papel kraft y cinta cubriendo todos los orificios, para que ningún residuo penetre luego en la caja. Una vez hecho esto, se procede a empujar la caja fuerte en el hueco. Para ello nos valdremos de la utilización de cuñas de madera, de modo que la vayamos calzando hasta su definitiva colocación.
Es muy importante que la caja fuerte quede al ras de la pared donde se colocó, además de muy bien nivelada para que no haya ningún tipo de problema a la hora en que se abra y se cierre. Posteriormente se debe rellenar el hueco con hormigón utilizando una paleta y una varilla.
Se deja secar por alrededor de cuarenta y ocho horas durante las cuales se recomienda dejar la caja abierta para que no absorba ningún tipo de humedad. Sobrepasada las cuales no queda más que dar una capa de yeso blanco, pintar y dar el acabado requerido.

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